Una vida mejor para las mujeres del campo ecuatoriano
Dos jóvenes ecuatorianos deciden que quieren marcar una verdadera diferencia en su país de origen. No quieren otra cosa que acabar con las arraigadas estructuras patriarcales y ayudar a las mujeres a alcanzar una mayor igualdad. Motivados por este objetivo, fundaron la empresa "Ayan".
Perfil
- Nombre:
Daniel Chiriboga
- Trayectoria profesional:
Arquitecto
- Idea de negocio:
Proyecto comunitario agrícola de producción de vainilla natural
- Nombre de la empresa:
Ayan Ec
- Sitio web:
- Sede de la empresa:
Sector La Villega, Provincia de Santo Domingo, Ecuador

Mi madre es el motor de mi vida. Esta valiente mujer me enseñó tanto y siempre ha sido una inspiración para mí. Como yo, es arquitecta de profesión. Pero comparado conmigo, ella tuvo que enfrentarse a mucha discriminación durante su vida laboral. No sólo en las obras, sino también en nuestra sociedad ecuatoriana dominada por los hombres en general."Ayan" significa "Madre" en tsafiki, la lengua del pueblo indígena tsáchila de la provincia ecuatoriana de Santo Domingo, donde la mayoría de la población vive de la agricultura. Sin embargo, las mujeres tienen más dificultades para encontrar un trabajo decente en esta provincia rural agobiada por la pobreza. Los trabajos en los campos de plátano, cacao y café se dan principalmente a los hombres y muchos de estos empleos son informales y están lejos de ser seguros.
Mariana de Jesús Samaniego, una mujer de 77 años que ha dedicado toda su vida a la agricultura, fue quien tuvo la idea de crear un proyecto sin precedentes que ofreciera nuevas y justas oportunidades de trabajo a las mujeres. Mujeres que, en su mayoría, no han tenido la oportunidad de terminar la escuela, están atadas a la casa y dependen de sus maridos. Fueron dos jóvenes, Fausto Salinas, ingeniero agrónomo y nieto de Mariana, y su amigo Daniel Chiriboga, arquitecto que vive actualmente en Alemania, quienes, con la ayuda de sus madres y hermanos, recogieron el deseo de Mariana y crearon el proyecto "Ayan".
"El objetivo de Ayan no es ganar dinero, sino de cambiar nuestra sociedad patriarcal", dice Daniel. Sus palabras reflejan los graves retos sociales de Ecuador, donde la desigualdad de género y la violencia contra las mujeres siguen siendo problemas críticos. Sólo en 2023, se denunciaron más de 330 casos de feminicidio, según la Alianza para el Monitoreo y Mapeo de Femicidios en Ecuador, lo que revela una crisis generalizada que a menudo no se aborda y que tiene un elevado número de casos no denunciados.
Dos años después de su inicio, Ayan produce productos de vainilla orgánica de alta calidad -específicamente, vainas, polvo y esencia- y los vende en los mercados latinoamericano y europeo. Sin embargo, Daniel evita llamar a Ayan empresa y prefiere el término "familia". Dice: "Todo el mundo habla de los feminicidios que nos rodean, pero pocos pasan a la acción. Nuestra familia Ayan es el intento de hacer algo de verdad. Es un proyecto comunitario, un esfuerzo colectivo para afrontar problemas sociales profundamente arraigados y provocar un verdadero cambio social."
Como Daniel y Fausto no querían producir cualquier cosa, sino algo especial, eligieron la vainilla, una de las mejores orquídeas del mercado internacional. Daniel explica por qué: "Asociamos la vainilla con la fuerza de una mujer que prospera en un entorno duro como el campo ecuatoriano".
Al principio, sin embargo, fue bastante difícil encontrar a las mujeres adecuadas que se identificaran con el proyecto y quisieran unirse a la familia Ayan en el entorno rural difícil, sobre todo a causa de sus hombres. Actualmente Ayan está formada por siete mujeres y tres hombres. Las mujeres no sólo reciben formación, trabajan en el proyecto y obtienen unos ingresos seguros, sino que también viven cerca con sus familias en casas que el proyecto les proporciona, ya que desplazarse a esta zona remota sería difícil.
Empoderar a las mujeres crea un efecto dominó que puede transformar comunidades enteras. No se trata sólo de un cambio individual, sino de remodelar las mentalidades y romper los ciclos de desigualdad tanto en hombres como en mujeres. "Cuando se empodera a las mujeres, también se desafía a sus compañeros a crecer. Deben, por ejemplo, comprender que cualquier forma de violencia socava la dignidad y la estabilidad de toda la familia, y que no se puede aceptar bajo ninguna circunstancia", explica Daniel. Esta es una de las reglas en la familia Ayan.
Una de las mujeres que trabaja y vive en la familia Ayan es Rosa Macías. Dice: "Encontrar un trabajo estable era difícil, sobre todo con la enfermedad de mi hijo. Desde que me uní a Ayan, tengo un trabajo seguro y estable trabajando en invernaderos. Puedo conciliar trabajo y familia gracias a los horarios flexibles y también hay apoyo con cosas como material escolar y uniformes de trabajo. Pero lo que es igual de importante: tengo dinero suficiente para hacerme cargo de la costosa medicación de mi hijo. Trabajar en Ayan realmente ha cambiado mi vida para mejor."
Otra mujer que nos da una visión de su nueva vida es Katty Torres: "En Ayan trabajo con todas mis fuerzas junto a un grupo increíble de mujeres, me siento apoyada y escuchada. Me han dado formación y confianza para crecer en mi trabajo con las plantas de vainilla. Formar parte de Ayan me hace sentir orgullosa, saber que lo que hago no sólo me ayuda a mí, sino también a mi familia y a la comunidad."
El empoderamiento significa crear las condiciones para que las mujeres prosperen social, económica y emocionalmente, de modo que las familias y las comunidades se construyan sobre el respeto mutuo y la responsabilidad compartida. Se trata de cultivar un entorno en el que el abuso no pueda arraigar y un tejido social renovado basado en la igualdad pueda crecer con fuerza.

Trayendo la cosecha de vainas de vainilla para la familia Ayan: Leonor Pérez (izquierda) y Martha Espinoza (derecha)

Ayan poliniza manualmente las plantas de vainilla, como demuestra aquí Rosa Macías.
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